Luego vino saber que seguía concurriendo a ese club de osos, lleno de gente que sólo encuentra su identidad en la compañía de otros y sólo si hay sexo de por medio. Pésimo, péeeeesimo!

Con intervalos de ciertos meses entre una escaramuza y otra, le exponía mi malestar, le pedía cambios en esas costumbres o que me aclarara de qué la íbamos. Y siempre envolviéndome y yo cediendo con la amargura en la boca.
Pero una noche cualquiera, previa a su partida matinal, me encuentro esas malditas ladillas anidando en mi ingle. Increparlo y negarlo con una tranquilidad cínica.
Una semana tardó en confesar que se había encamado con un tipo 12 años mayor que yo, que no había significado nada pero que la culpa era mía, porque lo dejaba estar solo....
Una semana más tarde lo esperé dentro del auto en la estación de trenes y me dije "qué estoy esperando que pase además de todo lo que ya pasó?"
Al día siguiente se terminó todo en forma dramática, con domingo, con lluvia y portazo de él.
El disgusto, el dolor me enfermó por una semana de fiebre que no bajaba y quedarme completamente ronco.
Cuando todo parecía comenzar a recomponerse, regresó.
Diciembre y las putas fiestas y ese sentimiento de que todo puede mejorar.
Volvimos a vernos, a sentirnos, a no prometerse más que tiempo para que todo sanara y volviéramos a saber qué es lo que queríamos.
Su madre empeoró en pocas semanas y como suele suceder, todos desaparecieron de su lado. Su ex, su mejor amiga y no hablar de ese grupete de osos tan entrañable para él.
Pero estuve yo para salvarla de la zozobra emocional de él y de su hermano. Lloré rememorando fotos de un futuro que espero no vivir; preparé la ropa para vestirla y llevarla a un asilo en donde en verdad la asistieran. Y allá fuimos y presté el pecho para que llorara por hacerse hombre.
Esa noche habló de un Nosotros, de saber que quería estar conmigo ese y todos los días de su vida, de no haber persona más importante, que nunca se iba a perdonar el haberme hecho todas las cosas malas que me produjeron tanto daño.
Pero pasaron los días y me pidió que lo dejara irse de vacaciones para poder pensar, organizar su cabeza "porque no le daba más" y al volver, decidir qué quería hacer.
"No se cómo volveré, quizá la cabeza me cambió y quiero otra cosa".
Un mes de vacaciones, comenzando por una semana en un crucero gay zarpando desde Miami...
Me escribió al día siguiente de llegar, dos veces. Una para decirme que había llegado bien y que no llorara, porque él sabía que volvería a mí. El segundo, para decirme que no me escribía más extenso porque no quería llorar. Que en un rato se embarcaba. Que me abrazaba fuerte.
Escuché el otro día una frase: "El amor siempre termina de la misma forma: con lágrimas y un viaje".
Pena da que teniendo las lágrimas, no haya tenido el pasaje en la mano pero para un destino más....digno.
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